Os pongo en situación: mi género literario favorito por excelencia es la novela romántica, desde siempre. Soy fan incondicional de Elisabet Benavent, y Megan Maxwell, entre otras. Esto no quita que me haya enamorado también leyendo otros clásicos como Cumbres Borrascosas (mi favorito, por cierto).
¿Por qué soy tan adicta a este tipo de libros? Pues porque yo soy así, muy pasional, muy de sentir mariposas en el estómago, muy de enamorarme en milésimas de segundo, muy flower power, como me diría una antigua profesora mía. Aunque quizás, tengo que retractarme en algo de lo que acabo de decir, y es que yo ERA así. A ver, no, no he mutado ni cambio de gustos y de personalidad como puede cambiar el tiempo, así de repente -que, por cierto, mayo, haz acto de presencia, por favor-. No. Sigo emocionándome con cualquier cosa, y me siguen encantando este tipo de historias. Pero dicen que un libro causa sensaciones diferentes dependiendo de la etapa de la vida en que se lea. Pues estoy realmente de acuerdo, y aquí era donde quería llegar. Siguiendo con las confesiones, me encuentro en una etapa de mi vida -aunque a la mayoría de vosotros no os interese- en la que suelo dudar del amor. Quizá sea por las experiencias (buenas y malas) que he vivido hasta ahora, pero dejadme que os diga que a veces el amor no es tan bonito como lo pintan. Con esto, no quiero decir que el amor no exista, que no estéis tod@s enamoradísimos de vuestras parejas y que os vayáis a casar dentro de unos años. No. Sólo digo- volviendo al libro de Laura Norton-, que en la vida se pasan muchas situaciones amorosas, de distinto carácter cada una, mejores y peores, y este libro me ha enseñado a que todo puede superarse, y que lo más importante es querer hacerlo para poder hacerlo. Y me encanta que haya novelas que tengan como argumento principal una ruptura y que la protagonista no centre su vida en sustituir a su ex por un chico más guapo, más alto, más inteligente, más divertido, más rico y más todo. Que sí, que hay un personaje así en esta historia, obviamente. Pero lo que realmente me ha enganchado ha sido el valor y la fuerza que todas y todos deberíamos sacar cuando la persona de la que estamos enamoradas/os decide irse sin dar explicaciones. ESE es el momento de decir: ¿Sí? Pues adiós muy buenas. Voy a cuidarme, voy a quererme y voy a superar esto, yo solita/o, para que cuando vuelvas, sea yo la/el que diga "Basta".
Vale, me ha salido mi vena reivindicadora, perdón. Sólo intento hacer un llamamiento a todas esas personas que están pasando por una situación similar y que no ven salida sin su pareja. Permitidme que os diga: vuestra vida es vuestra, compartidla con quién queráis, pero no dejéis de vivir cuando esa persona se haya ido. Porque hay miles y millones de personas por el mundo dispuestas a darnos lo que necesitamos y recibir con los brazos abiertos lo que les demos. Todos los días hay gente que entra en nuestras vidas y gente que sale, y al final son eso, gente que viene y va (bah).
Quiero dejar claro que no quiero posicionarme ni dejar como víctimas de las rupturas a las mujeres, quiero ser neutral porque pienso que tanto hombres como mujeres han (y hemos) pasado por situaciones así y quiero animar tanto a unos como a otros a que se quieran mucho.
Bueno, pues para ser el primer post, me he venido un poquito arriba (¿sólo un poco? ¿en serio?), pero espero servir de ayuda o por lo menos que os entretengáis un rato.
Como habréis podido comprobar no soy una experta redactando, hago lo que puedo (que no es poco jaja).
Gracias a todos por leerme. ¡Sed felices!

Stay Strong.