sábado, 16 de septiembre de 2023

aunque no sea físicamente.

 En mi anterior post hablaba del luto tras una ruptura en relaciones de amistad. Y hoy me he dado cuenta que, eso que escribí algunos días, era porque yo misma me estaba intentando decir algo. 

A lo largo de mi vida he ido dejando a gente por el camino. Gente con la que me sentía más conectada y gente, sin más. A veces porque nuestros caminos se separaban de forma natural y otras veces porque nosotras mismas hemos forzado una situación que ha hecho que dejemos de estar juntas de forma más agresiva e incómoda. 

Para mí, esto es, y aunque suene fuerte, como cuando alguien que quieres mucho muere en un accidente de tráfico. No te lo esperabas y no has podido despedirte de esa persona. El dolor es tan fuerte, que a veces no conseguimos ni asimilarlo y nos quedamos en shock y no sabemos gestionarlo, ni en el momento, ni años después. Esto ocurre porque pensamos que hace falta despedirnos físicamente de esa persona, darle un abrazo y decirle lo mucho que vamos a echarle de menos cuando ya no esté. 

Con el tiempo he aprendido que: 

1. Debemos decir todos los días cómo nos sentimos hacia las personas y expresar nuestro amor por ellas. Vivir todo de forma intensa y profunda, si es así como lo sentimos. 

2. Las despedidas son necesarias. Son una necesidad básica de los seres conscientes como somos los seres humanos. Pero no necesariamente tienen que ser físicas para que nuestra alma se libere. 

Me explico. 

En mi vida, he tenido tres rupturas de amistad que han marcado un antes y un después. Una de ellas hace más de 10 años, otra hace 2 y otra en los últimos meses. 

Mi manera de desahogarme ha sido siempre contándole a mi círculo cercano qué es lo que ha pasado y cómo me siento. Siempre he sido consciente de mi responsabilidad afectiva y nunca me he quitado culpa si la he tenido, pero tampoco me he lapidado por ello, o por lo menos no lo he exteriorizado. 

Curiosamente, he seguido soñando con estas tres personas de manera esporádica. A veces discutíamos en los sueños, y otras veces, simplemente pasábamos un rato riendo o contándonos la vida como hacíamos cuando formábamos parte de la vida de la otra. Hoy he soñado con la persona que salió de mi vida hace más de diez años, y al despertar, me he dado cuenta de que nunca me despedí de ella. Nunca le di un último abrazo. Nunca le di las gracias por el tiempo que habíamos compartido juntas y todo lo que había aprendido a su lado. Digo que me parece curioso, porque cuando se ha tratado de relaciones amorosas, me he sentido mucho más libre para decir o hacer lo que sentía y para despedirme de esas personas de forma más madura y emocional. 

Ho he decidido tomarme un momento para despedirme de ellas. Les he dicho todo lo que no les dije en su momento. Las he abrazado y les he deseado lo mejor para todo lo que les venga. Y se han ido dándose la mano y alejándose de mí. 

He sentido que algo se separaba de mí. Una sensación de pesar un kilo menos, literalmente. Y todo por haber cerrado ciclos, porque las he dejado ir. Es muy importante. 

Eso y despedirse. Aunque no sea físicamente. 

jueves, 14 de septiembre de 2023

El luto en la amistad

Siempre nos advierten del dolor de una ruptura, pero pocas veces de lo que duele perder a una amiga. 

Cuando pierdes a una pareja, están nuestras amigas para venir a casa y escucharnos hablar entre sollozos, pero, cuando pierdes a una amiga es distinto. 

Debemos pasar un luto, y en mi caso, bastante más largo que el que tuve por relaciones amorosas. También lo enlazo a que suelo ser igual de intensa en ambas situaciones y hay cosas que he vivido con amigas que jamás viviré con simples ligues. 

Inconscientemente, recuerdo momentos de felicidad, otros incómodos, me pregunto que habría pasado si nada de esto hubiera ocurrido, o cuánto tiempo va a doler. Pero no tengo respuesta a ninguna de esas preguntas, solo me digo a mí misma que no es la primera vez que me pasa y que, como en el resto de ocasiones, el tiempo curará todas las heridas. 

Porque esto, como todo, también pasará. 

Amo tener esta frase de lema.


y qué bien.

 Me despierto en mi cama, con la ventana abierta. Entra una brisa mañanera que hace que se me ponga la piel de gallina. Respiro y percibo el olor a pan recién hecho del horno que hay debajo de casa. Y me quedo ahí, quieta, disfrutando de ese momento. Del silencio, con alguna que otra interrupción por parte de las palomas amigas de mi gato que vienen a saludarnos cada día. Pienso en lo que haré durante el resto del día y sonrío.

Supongo que esta paz es con la que he soñado durante muchos años. Bueno, nada de suponer, lo afirmo. 

Y qué bien.







martes, 12 de septiembre de 2023

Hace muchos años, como a muchos de nosotros en el tiempo en el que vivimos, me hicieron la peor pregunta que te pueden hacer cuando tienes diecisiete años y lo único en lo que piensas es en cuándo volveré a ver a mis amigas (y la respuesta probablemente sea: mañana). 

Esa pregunta que tan difícil es de responder, que nos ha mantenido en vela y cuya respuesta será una de las decisiones más difíciles de la vida. 

Bueno pues, evidentemente, y como buena Géminis, yo quería ser muchas cosas, DEMASIADAS diría yo. Tenía una lista infinita de carreras en las que me veía siendo feliz. Problema: no tenía ni idea de cuál de ellas quería elegir. Segundo problema: mis notas.

La verdad es que me pasé gran parte de mi adolescencia centrada en aprender cosas que no aparecían en libros de texto y que nadie de mi entorno parecía querer enseñarme. Así que decidí aprenderlas por mi cuenta. Aquí dejo espacio a vuestra imaginación porque cada uno ha pasado la adolescencia como ha querido o podido. El resumen es que no me producía ningún tipo de satisfacción pasarme horas estudiando ni creía que las respuestas de la vida estuvieran escritas en esas líneas escritas por a saber quién. Con el tiempo he descubierto que, si alguien hubiera invertido parte de su tiempo en explicar todo esto de forma diferente a personas vitalmente curiosas (vamos a llamarlo así) como yo, el mundo sería distinto. Pero ese no es el tema ahora. 

El tema es que como no me decidía, mi conclusión fue estudiar inglés, "que eso siempre tiene salida". 

Y así es como viajé por primera vez fuera de España. Y qué maravilla. 

Destino: Cork, Irlanda. 


(yo no hice esta foto porque ya no sé ni qué móvil tendría cuando fui, solo sé que fue en 2016)

Viajamos una amiga y yo, con apenas 20 años, sin tener aún la edad para poder pasar a ningún pub. Ella a una familia y yo a otra a media hora de distancia en autobús. Conocimos mucha gente, descubrimos que el tabaco es carísimo en otros países y tuvimos que aprender a fumar de liar. Nuestra capacidad de adaptación y ubicación creció de forma directamente proporcional a nuestra amistad. Si consigo rescatar alguna foto de Snapchat, prometo adjuntarla. 

Y así fue cómo me enamoré de la sensación de ser libre, de subir a un avión y sentir el cosquilleo en la tripa, de la incertidumbre de no saber qué vas a encontrar cuando bajes. 

Y de un francés con novia que me hizo la 13-14. 

En fin, la vida. 

- fatu

domingo, 10 de septiembre de 2023

es una necesidad vital

"El arte es una necesidad vital, algo más que una expresión, más o menos, vistuosa del ingenio humano; coincido con Adriana Dowling, profesora de danza clásica y contemporánea que defiende que 'para seguir vivos, además de la comida, necesitamos de ese otro alimento que son la cultura y el arte'. Algunos van más lejos y la consideran un estado del alma en el que la persona se siente completa." Siendo fiel a mi esencia y personalidad de intensita, abogo mucho más por esta segunda. Todo es arte, todo en lo que pongas tu corazón, todo lo que creas desde el alma. Desde un vídeo que pones mucho mimo en grabar, la forma en la que colocas el jarrón de flores frescas en casa para que haya una armonía que hasta se puede sentir, la sensación de poder transformarte cuando coges una brocha y algunas sombras y dejas que la inspiración venga. Todo. Somos creadores de arte, y yo no entiendo otra forma de ver la vida que no sea a través de él.