martes, 12 de septiembre de 2023

Hace muchos años, como a muchos de nosotros en el tiempo en el que vivimos, me hicieron la peor pregunta que te pueden hacer cuando tienes diecisiete años y lo único en lo que piensas es en cuándo volveré a ver a mis amigas (y la respuesta probablemente sea: mañana). 

Esa pregunta que tan difícil es de responder, que nos ha mantenido en vela y cuya respuesta será una de las decisiones más difíciles de la vida. 

Bueno pues, evidentemente, y como buena Géminis, yo quería ser muchas cosas, DEMASIADAS diría yo. Tenía una lista infinita de carreras en las que me veía siendo feliz. Problema: no tenía ni idea de cuál de ellas quería elegir. Segundo problema: mis notas.

La verdad es que me pasé gran parte de mi adolescencia centrada en aprender cosas que no aparecían en libros de texto y que nadie de mi entorno parecía querer enseñarme. Así que decidí aprenderlas por mi cuenta. Aquí dejo espacio a vuestra imaginación porque cada uno ha pasado la adolescencia como ha querido o podido. El resumen es que no me producía ningún tipo de satisfacción pasarme horas estudiando ni creía que las respuestas de la vida estuvieran escritas en esas líneas escritas por a saber quién. Con el tiempo he descubierto que, si alguien hubiera invertido parte de su tiempo en explicar todo esto de forma diferente a personas vitalmente curiosas (vamos a llamarlo así) como yo, el mundo sería distinto. Pero ese no es el tema ahora. 

El tema es que como no me decidía, mi conclusión fue estudiar inglés, "que eso siempre tiene salida". 

Y así es como viajé por primera vez fuera de España. Y qué maravilla. 

Destino: Cork, Irlanda. 


(yo no hice esta foto porque ya no sé ni qué móvil tendría cuando fui, solo sé que fue en 2016)

Viajamos una amiga y yo, con apenas 20 años, sin tener aún la edad para poder pasar a ningún pub. Ella a una familia y yo a otra a media hora de distancia en autobús. Conocimos mucha gente, descubrimos que el tabaco es carísimo en otros países y tuvimos que aprender a fumar de liar. Nuestra capacidad de adaptación y ubicación creció de forma directamente proporcional a nuestra amistad. Si consigo rescatar alguna foto de Snapchat, prometo adjuntarla. 

Y así fue cómo me enamoré de la sensación de ser libre, de subir a un avión y sentir el cosquilleo en la tripa, de la incertidumbre de no saber qué vas a encontrar cuando bajes. 

Y de un francés con novia que me hizo la 13-14. 

En fin, la vida. 

- fatu

No hay comentarios:

Publicar un comentario